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sábado, 19 de marzo de 2011

José Armando Vivas, docente universitario, fotógrafo y periodista

Diario La Nación Edición digital Viernes 18/03/2011

José Armando Vivas, docente universitario, fotógrafo y periodista
"Nos convertimos en una metrópolis a partir de las universidades"

José Armando Vivas, "Pipo", es docente de Fotografía en la Ula Táchira, y considera que el crecimiento de las universidades le dio un vuelco a la ciudad.
 ( Escrito por Laura Sobral )

El crecimiento avasallante y sostenido de la educación universitaria que ha experimentado San Cristóbal, ha contribuido en gran medida a que se convierta en una metrópolis. Así lo considera José Armando Vivas, docente universitario, fotógrafo y periodista, quien cree que la movida estudiantil ha marcado la evolución de la ciudad.

Este personaje característico de la vida periodística en San Cristóbal, y que ha formado más de 20 generaciones de periodistas en la Universidad de los Andes núcleo Pedro Rincón Gutiérrez, Táchira, con su particular forma de ser, pasa su día a día con estudiantes, quienes le nutren en su compartir cotidiano de muchos aspectos de la vida en la ciudad, sitios nocturnos, temas de moda, forma de vestir, de hablar, todo en el sencillo lenguaje de los jóvenes de hoy.
Por tener que movilizarse a diario hacia su centro de trabajo que es la Ula, considera la vialidad como un tema primordial para el desarrollo y mejor funcionamiento de San Cristóbal, pues la gran cantidad de gente, sobre todo jóvenes formándose y trabajando, agitan la vida citadina.
Una gran cantidad de ideas le vienen a la cabeza al conversar sobre su ciudad natal, habla rápido y hace muchas sugerencias, con la preocupación de quien ama una tierra "aquí hay que hacer un Terminal más moderno y grande, hay que hacer más espacios pensando en el peatón y no en los carros, ese par vial, en lugar de tener ese montón de canales para vehículos, debería tener espacio para que la gente camine y se distraiga, son tantas las cosas por decir".

En la actualidad, "Pipo", como se le conoce entre amigos, se desenvuelve mayormente en la parte alta de la ciudad, la describe como una zona que está llena de centros de trabajo, empresas, colegios, pero sobre todo universidades como la Unefa, la Unet, la Ula, la Universidad Bolivariana, "vemos un gran volumen de estudiantes que congestionan la subida a la parte alta de la ciudad, eso antes no ocurría, yo podía llegar tranquilo hasta Pueblo Nuevo".

Sus ojos se abrieron al mundo en 1.954, en aquella casona de dos pisos donde funcionaba el Hospital del Seguro Social al final de la Quinta avenida. De aquella San Cristóbal muy poco queda: "ahora uno se emociona cuando viene para la parte alta de la ciudad, y de pronto en el chinchorro de Cotatur ve hasta 10 autobuses universitarios, esa avenida es de encuentro, y uno dice ¡qué nota este pueblo! Tiene universitarios, tiene gente joven que se está formando, cambiando, nuestros cuadros de relevo son egresados universitarios, y cuando veo ese mar de carros que viene de la Carabobo pienso en cuánto hemos crecido".

El reloj biológico lo despierta todos los días a las 5 y 20 de la mañana, los primeros minutos son para informarse y "comer algo del oficio, estar enterado, eso sí, con mi arepita y cafecito entre pecho y espalda, el desayuno es una prioridad para el sancristobalense"; José Armando toda la vida residió en San Cristóbal; recientemente, y gracias al amor, se mudó a Palmira, aunque todo lo hace en la capital, "es una ciudad hermosa, pero además me ha facilitado todo vivir allá".

Con cierta picardía no duda en afirmar "suena increíble, pero desde que me mudé a Palmira es más fácil llegar a la Ula, venir de Palmira a la universidad es súper rápido, agarro por Táriba, subo por La Machirí y listo. Antes vivía en la Unidad Vecinal, tenía que atravesar la ciudad, el tráfico voluminoso desde La Concordia o la Unidad Vecinal te puede hacer invertir demasiado tiempo en ese trayecto, si vienes antes de las 7 de la mañana de La Concordia a Pueblo Nuevo no hay problema, pero si se pasa esa hora es un caos total, insisto, necesitamos hacer algo en materia de vialidad".

Convencido de sus palabras expresa: "con San Cristóbal pasa algo curioso, es una ciudad que te atrapa, yo he tenido estudiantes de todas las ciudades de Venezuela, y cuando uno les pregunta si al graduarse se van a regresar para sus lugares de origen, dicen --nooo profe, yo no me voy más nunca de San Cristóbal".

Sentado en una banca en el acceso principal de la Ula sus estudiantes lo abordan, él los envía a retratar eventos que ocurren en el momento, para su cátedra de Fotografía; es en ese momento cuando decide confiar: "la poesía de la fotografía se ha perdido, ahora todo el mundo tiene una cámara, o un celular con cámara, antes se hacía todo con cuidado porque la posibilidad de la foto era solo una vez, ahora toman una foto y se dan el lujo de decir no me gusta, la borro, porque no hay creación ni amor por el oficio, hasta en eso hemos cambiado, la tecnología llegó para cambiarnos".

Al intentar definir a los muchachos de San Cristóbal, piensa detenidamente, parece recordar los rostros de sus estudiantes con quienes conversa, y aprende en un proceso de retroalimentación para considerar que "nuestros jóvenes tienen actitudes del saber, inicialmente no exigen nada, son cautos y observadores; en la medida en que se va dando la enseñanza ellos despiertan sus inquietudes, no son rebeldes, sino más bien sumisos, algunos son despistados, pero siempre con valores muy definidos, por razones muy propias es que los sancristobalenses somos gente con gran criterio de valores sociales, de convivencia y de familia, de pronto tenemos gente que se sale de eso, pero terminan adaptándose".

En medio de sonrisas comenta nuevamente sobre los jóvenes, sus compañeros diarios: "los muchachos están pendientes es de divertirse y esa es otra razón por la cual San Cristóbal es una gran metrópolis, pues desde el jueves en adelante los muchachos se van a su discoteca, cada día me dicen de un sitio nocturno nuevo y me actualizan, pero además están los tradicionales metederos como "La playita" o "Chorro de mugre", espacios más sencillos donde los muchachos de San Cristóbal van a echarse sus friítas al salir de clases, beben y a veces hasta los anotan en una libreta, unos pagan, otros ni pagan", concluye con jocosidad.

Convencido de su criterio reitera con su cámara sostenida sobre el pecho: "San Cristóbal ha cambiado a partir del mundo universitario, porque se ha convertido en una gran ciudad universitaria, tenemos más de 18 institutos de educación universitaria entre públicos y privados, una inmensa cantidad de jóvenes que se mueve cada día, pero la universidad en San Cristóbal no ha crecido y evolucionado al ritmo que exigen esa cantidad de muchachos, por ejemplo, seguimos egresando, sin parar, decenas de Licenciados en Educación y todos quieren trabajar en la ciudad, pero no hay suficientes centros de trabajo para tanto profesional, los sancristobalenses no son errantes, y les cuesta mucho vivir fuera de la ciudad, pero tampoco consiguen trabajo en sus profesiones".

En los 450 años de la ciudad considera que San Cristóbal merece muchas cosas, lo primero es una gran vía que venga desde Michelena y Lobatera, toque la ciudad y vaya hasta el aeropuerto de Santo Domingo, y facilite todo, lo haga más rápido "si yo fuese jefe diría que se haga una vía desde Colón hasta El Piñal, para que el tráfico pesado no pase por la ciudad. San Cristóbal no se muere, ya tiene vida propia y no es necesario que el tráfico pesado pase por aquí".

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