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sábado, 2 de abril de 2011

"San Cristóbal debe ser auténtica con el desarrollo integral"

Monseñor Mario Moronta en la homilía por los 450 años anunció fase diocesana para monseñor Sanmiguel
 ( Marina Sandoval Villamizar Viernes 01/04/2011  )
A seguir edificando a San Cristóbal "como una ciudad auténtica, donde el desarrollo integral sea su primera consecuencia", llamó monseñor Mario Moronta, obispo de la Diócesis, a los sancristobalenses, durante la homilía con motivo de los 450 años de fundación de la capital tachirense.
Al invitar a construir la ciudad con los criterios de Dios, el prelado señaló "un desarrollo que permita el crecimiento en equidad de todos los ciudadanos, y no el mero crecimiento económico de unos pocos; un desarrollo que apunte a mostrar que los sancristobalenses, nacidos o no en esta hermosa tierra de gracia, somos gentes de virtudes que damos testimonio de solidaridad, convivencia y concordia. Somos una ciudad con un inmenso futuro: el ser una ciudad de frontera nos permite ser una tierra de encuentro para la integración, para la interculturalidad y para la paz. Hay muchos factores que nos ayudan: la tradición y herencia que hemos recibido, el ser capaces de crear cultura de vida y las características propias de los que acá vivimos: la cordialidad, la laboriosidad, la religiosidad, el sentido de familia".
En un discurso cargado en el tema de resaltar la importancia de los valores para la vida en comunidad, Monseñor expresó que "edificar no se limita sólo a lo material, que es importante. Va mucho más allá de lo que supone la vivienda, las estructuras urbanas, las urbanizaciones y los barrios. Edificar la ciudad es hacerla vivible con criterios humanísticos. De allí que el auténtico constructor de la ciudad, a lo largo de los siglos, se preocupe por hacerla o convertirla en el hogar donde las familias se desarrollan integralmente y conviven en solidaridad y justicia".
A la misa asistieron el gobernador del Estado, César Pérez Vivas, junto a su esposa, Genny Morales de Pérez, y miembros de su tren ejecutivo; la alcaldesa Mónica de Méndez y directores, entre ellos el director general, Nelson Chacín, y el director de la Secretaría del Despacho, Obeysser Prada; la presidenta del Concejo Municipal de San Cristóbal, Bertha Elena Ceballos, entre otros concejales.
También participaron en la misa los invitados extranjeros a la celebración, el alcalde de Pamplona, Klaus Faber; el embajador de Sudáfrica, Bheki Gila; la agregada cultural de Estados Unidos, Sally Hodson, y el cónsul de Colombia en San Cristóbal, Francisco Rodríguez. Asistieron igualmente sacerdotes y fieles, que llenaron la Iglesia Mayor de la capital tachirense, además de diputados nacionales y regionales.
Al celebrar la eucaristía de acción de gracias en la Catedral, con voz ronca por la gripe, destacó la presencia de la Iglesia en la historia de la ciudad. "Para nosotros, desde la experiencia del evangelio de Jesús, han sido cuatro siglos y medio de presencia evangelizadora de la Iglesia. Ésta no ha estado ausente en ningún momento. Como parte de su misión evangelizadora, la Iglesia ha desarrollado todo un apostolado de caridad, de formación y pedagogía y, a la vez, ha permitido el mestizaje intercultural, sin que ello supusiera la pérdida de la propia identidad".
De esa manera, enfatizó que la Iglesia "también se hace presente en la conmemoración de los 450 años de la ciudad. Lo hace con lo que le es propio: con la liturgia eucarística y con el mensaje desde la Palabra de Dios. La Eucaristía nos transporta hacia el Dios de la vida y de la historia, para darle gracias por lo que somos y por lo que hemos heredado de nuestros antepasados. El mensaje desde la Palabra de Dios nos permite enriquecernos, para así continuar leyendo los signos de los tiempos, de antes y los de ahora y, esperamos, los del futuro".
Durante la misa, amenizada por el coro Manos Blancas y la Cantoría Sofitasa, reflexionó sobre dos retos que desde la palabra de Dios propone para San Cristóbal. "Uno de ellos es seguir edificando la ciudad con los criterios de Dios, para nosotros inspirados desde el Evangelio, mensaje de liberación. El segundo es el de vigilar, en el nombre de Dios, que se mantengan vivos y contagiantes los valores propios de la ética personalizadora”.
Monseñor Moronta llamó a estar atentos, como el verdadero centinela. "Ciertamente que tenemos dificultades, como la violencia, que se apodera de nuestras calles y destruye la paz de tantos hogares. Pero no cerremos los ojos ante otros espejismos que deslumbran y pueden convertirse en tentaciones".
El desarrollo cultural de nuestra ciudad no puede medirse por el consumismo, por el materialismo, ni por el individualismo que se quiere ir imponiendo; tampoco se puede medir el desarrollo cultural por el creciente aumento de "rumbas", donde se oculta el menosprecio por la condición humana de adolescentes, jóvenes y adultos; no es el número de discotecas, que tiende a aumentar, el que define la importancia de una ciudad. Hay muchos problemas qué enfrentar y que hay que superar. Para ello, es necesario abrir los ojos: cuidado con el narcotráfico, que sigue haciéndose presente con su secuela de muerte, cuidado con la trata de niños, cuidado con la desvalorización de la mujer, cuidado con falsos conceptos de modernidad que están destruyendo la condición moral de nuestros jóvenes… Por eso, hemos de estar atentos, como el verdadero centinela que se alía con Dios para cuidar la ciudad.
Dos siervos en fase diocesana
Durante la misa, Monseñor anunció que durante su visita a Roma, se abrió la fase diocesana de los siervos de Dios, Tomás Antonio Sanmiguel, el primer obispo de San Cristóbal; la Madre Lucía del Niño Jesús y de la Santa Faz, para lo cual en los próximos días constituirán los tribunales para estudiar la vida, virtudes y fama de santidad de ambas causas.
"Es un regalo de Dios para esta ciudad y para el Táchira el inicio de este proceso, que llevará a mostrar la veracidad de las virtudes y vida de santidad del primer pastor de esta iglesia diocesana de San Cristóbal" -dijo-.
Explicó que el objetivo de esta fase es establecer si el siervo de Dios vivió en grado heroico las virtudes cristianas y su fama de santidad.
Tomás Antonio Sanmiguel Díaz nació el siete de marzo de 1887, y fue el primer obispo de la Diócesis; Mireya Asunta Escalante Inneco nació el dos de octubre de 1918. Tomó el hábito el nueve de octubre de 1945, con el nombre de Lucía del Niño Jesús y de la Santa Faz. Fue la restauradora del Carmelo en Venezuela, fundadora de varios monasterios de esta congregación, dos de ellos en el Táchira.





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