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miércoles, 9 de febrero de 2011

El “San Cristóbal Tennis Club”


Por el año de 1915 la ciudad comenzaba a oír, de tarde en tarde, los raquetazos que manos inexpertas, pero entusiastas, daban a las blancas bolas de tenis en la improvisada cancha de la para entonces Quinta "Semidey", enclavada en el romántico "Llano e ‘Luna". Ojos curiosos iban a ver a las y a los aficionados al deporte blanco, en una como romería de asombro, pues este juego llamaba la atención de los parroquianos y desde esa época, como después, se considere apto para muy seleccionados participantes.
Poco interés había, todavía subsiste la desidia por el juego de tenis. Sin embargo, algunas familias digamos Villasmil, Cárdenas, Soules, Fossi y algunos contados comerciantes y profesionales, sin olvidar a algunos alemanes, lo mantuvieron a través de los años, sin que para sus prácticas hubiese una cancha adecuada. Por ello, entre los años del 25 al 27; encontramos a las familias mencionadas anteriormente en el viejo corralón que para aquellos días fungía de Circo de Toros, en la esquina de la Carrera 8 con la Calle 5, o sea, donde hoy está la residencia de la familia Carrero Prato, manteniendo  su afición al elegante y recomendable juego estimulador de la cultura física.
Para el año de 1928 existía una agrupación nomina llamada "Club de Tennis", la cual no tenía sede fija sino que cobijaba a quienes practicaban este deporte en La Villa y andaban pregonando ya el espíritu de su cordialidad y de su sociabilidad. Y, al fin, el primero de mayo de 1928, esta casi ambulante agrupación decidió enraizar sus propósitos, cuando reunida en la casa de habitación del dinámico y entusiasta  caballero don José Rafael Ibarra, decide darle vida y permanencia a su club y las normas por las cuales debía regir sus destinos para prestigio de la capital tachirense. Firmada ese día el acta constitutiva, el bautizo se hizo de una vez y el agua benévola y el signa alentador hicieron perdurable el  nombre: "San Cristóbal Tennis Club". O De las bases fundamentales de tal acta debemos destacar aquí la primera, que dice: "La Asociación tiene por objeto principal proporcionar a los asociados un ambiente campestre y deportivo, en donde pueda organizarse y poner en práctica todo género de deportes cultos, como tenis, croquet, golf, billar y otros que sean permitidos por la Junta Directiva, fomentar, por todos los medios posibles y lícitos el mayor perfeccionamiento de la cultura social y del buen trato entre los asociados, a cuyo efecto el lugar donde se instale será un sitio apropiado para efectuar bailes, paseos, celebrar garden partis y, en general, todas aquellas fiestas o reuniones sociales que, dentro de los propósitos del Centro, elegante y recomendable juego estimulador de la cultura física.
Otra importante determinación acordada el primero de mayo, en la referida acta constitutiva, fue la de autorizar al primer Presidente de la Asociación el culto y preocupado caballero doctor Pedro Felipe Villasmil, para realizar la compra de la Quinta "Gloria", ubicada en la entrada del para entonces popular y atractivo lugar denominado "La Sabana" hoy populosa barriada "La Concordia" y sus terrenos adyacentes. Esta compra había sido convenida con su propietario, el doctor Victor M. Lozada, contando con el aporte ofrecido por calificados asociados que recibirían la devolución de su dinero en sorteos mensuales que, al efecto, se llevarían a cabo. Entre estos colaboradores cabe señalar al fallecido y estimable rubiense don Luis Fontana, quien dio mayor aporte, sin cobrar intereses, para la inmediata refacción de la nombrada Quinta. Todo lo cual podía hacerse según disposici6n acordada en la sesión preliminar verificada el 25 de abril de 1928.
Próxima la patriótica recordación del 5 de julio, la Directiva acorde escoger esta trascendental fecha como iniciación de las actividades sociales y deportivas del "San Cristóbal Tennis Club". Ese día, pues, de" 1928, hubo fiesta y partida especial de tenis en la sede oficial; y acondicionada regularmente al efecto.  Pero realmente la inauguración de este Centro fue realizada la noche del 31 de diciembre de 1928, con un gran baile de gala en la casa de habitación del  procurador don  Anselmo Villasmil, .correspondiente el discurso de circunstancia al doctor Luis Loreto, prestante figura del foro venezolano. .
Y el velero se adentro en el mar.  El señorío de los timoneles vigorizaba la unidad social de quienes confiados y seguros iban en él. Tres lustros más tarde la proa asomada a la brisa de "La Bermeja" resultaba pequeña en aquel horizonte abierto a las halagüeñas perspectivas. La Quinta "Gloria" se achicaba ante la afluencia cada vez mayor de sus visitantes. Se pensó, de una vez, en un nuevo edificio. Sumados los esfuerzos el domingo  7 de febrero de 1943 se ponía la primera piedra' de la actual sede. En tal oportunidad el cronista pudo disfrutar de la danza cuando el conocido "Araguato" puso sabor de tradición en la amable hidalguía de quien fue llama y permanente acicate de la sociedad capitalina, o sea, doña Flor García de Buitrago. El proyecto había sido presentado por los ingenieros José Rafael Ferrero Tamayo y J. M. Rodríguez Bello. El primero decidido propulsor del progreso de la urbe y el segundo pianista insomne en la conmovida soledad de su apego a la buena música.
Cuando la construcción avanzaba, el enhiesto molino de viento cuyas aspas llevaban al valle santiaguino la llaneza de las familias congregadas  para dar vida y aliento a la nueva y elegante sede, fue demolino el 9 de noviembre de 1943, para dar paso a una avenida interna; y el 25 de diciembre de ese mismo ano tenia efecto una fiesta para despedir aI viejo alero, aquella casona adquirida en 1928, ahora vencida por el ansia transformadora.  A diez o quince metros se mostraba airosa la nueva edificación inaugurada el día 8 de enero de 1944, cuando ese gran estadista San Cristobalense, que fue el general Isaías Medina Angarita, el del milagro de la democracia venezolana, vino expresa y gentilmente a darle el calor de su simpatía y de su extraordinaria calidad humana a arcadas afables del "San Cristóbal Tennis Club".
También el profundo humanismo de don Fernando de los Ríos, ilustre viajero y representante esclarecido de  la España sin tinieblas, afloró un día, como surtidor  de emociones y recuerdos, bajo la poesía en colores de la desaparecida pérgola del Club y donde las trinitarias eran el contrapunto de un sueño para la visión hermosa de la ciudad. Don Fernando se inspiró en el canto rojo de las menudas flores y relacionó su palabra de esperanza, su añoranza  española, con los halagos vegetales que, como un trasfondo de su Anda aluda con naranjales, trinitarias y torres catedralicias, aupaba el reflejo de su paisaje y de sus costumbres en el solar americano y consolaba la andanza del viajero de noble barba y pensamiento insigne.
Arboles, luz y grama dan colorido a las instalaciones actuales del Centro Social de Ia explanada concordiana. Por ella, cada tarde tiene allí el aroma y la sonrisa de un horizonte donde el pan de la cordialidad se miga  en cada pecho con júbilo de camaradería amistosa. Dos ceibas ofrecen la opulencia de sus ramajes para la sombra, tibieza y el cariño acogedor del Club Tennis. El paisaje está ahí con el abrigo y la hermosura de esos dos monumentos vegetales. Particularmente la ceiba ubicada entre el edificio y la cancha de bolas criollas, que es como una cortina verde para la remembranza del noble caserón la otrora sencilla Quinta "Gloria", tiene la caricia de la mujer que da su corazón cuando la luna es más blanca para el canto de la vida. Bajo la sinfonía de sus hojas, al cobijo de su universo musical y lumínico, vamos siempre a buscar la alegría y el oportuno chiste de buena ley, el cuento y la afabilidad.de los asiduos contertulios que diariamente dan la devoción de su fe, cabe la indulgencia del árbol, símbolo de la unidad sin afeites ni conveniencias. Cuando la tarde exalta la lumbre de los cerros y sobre la ceiba mayor del Club se diluye la vaporosa esencia de sus nutridos gajos, las voces de los niños en los columpios, en las piscinas o en la grama son como aleluyas consoladoras para la vida suave que allí discurre, y en medio de esta parlera estampa surge la familiar y delgada lamina de Manuel Osorio Osorio Velasco, el silencioso cuando corrige un romance o capta un apunte para un fresco, un oleo o una acuarela, y el locuaz cuando paladea el buen brandy, rasga una guitarra; da un boche, hace un strike o' mete una tranca, porque música, bolas criollas, bowling y domino son experiencias suyas después de la cátedra del Liceo "Simón Bolívar" Por allí mismo Luis Martínez Manrique, el travieso y gran conversador, excelente animador  e imitador de quienes con el sostienen la atracción vespertina del Centro y ahora pacífico compañero porque la previsiva doña Elisa Ie puso magnética cadena.
Cerca anda Felix Herrera, el cordial y andariego porteño, invencible en eso de cochinear la bola enemiga. También Ciro Baccarani, el ítalo que tiene más refranes y salidas que Luis Martínez, y buen amigo, sabedor de las mañas de sus contendientes en el juego. Y  que decir del buenazo de Julio Suarez, el mejor arrimador y el dolor de cabeza de cuantos quisieran que siempre Ie doliera el brazo para que su bola no llegara a la mera "pata" del mingo. Hay otros mas, asiduos a la cancha de bolas, como Marcelo Acuña, el sereno  y con cara de quien no quiebra un plato; Simón Febres Cordero, el taciturno y cordializador; Hugo Murzi, el gran tisiólogo, que cada sábado abandona sus "Rayos X" y las difíciles imágenes de los negativos, para llegar a jugar bolas criollas, tocar admirablemente el cuatro y cantar a duo con el poeta Osorio, cuando éste rescata su antigua y asordinada voz capachera; y el talentoso Horacio Cárdenas, filósofo y humorista, que casi siempre prefiere el palique de altura a la vera del "viaducto" de Pedro Emilio, otro simpático poeta en eso del dialogo entrecortado y el cual ha enrojecido su fisonomía tal vez por su vecindad con la Machirí. Otros se quedan en el salón de "estar cerca" del bar. Allí llega ahora, muy puntual, el connotado juez Rafael Parra León y allí recibe el saludo de quienes van de paso para el salón de billar; casi siempre está acompañado por Henry Matthes, un alemán nacionalizado en mamadera de gallo criolla o de Pedro Rafael Ramírez, cuando este no anda en llave con el trujillano Mariano jugo, el cual, con voz de "conticinio", vive pidiendo el score para sus violentas jugadas de domino. Otras veces son Antonio Mogollón y Toño Carrero, rezagados por allí en la penumbra para mejor captar el ambiente o animarlo con un "opa" 0 un "no, mi vale", e igualmente Pedro Rafael Sánchez, cada vez que Hernán o Cruz han batido mejor su utilidad de barman, o es Miguelito Moreno, el de los romances a destajo y cantador, quien  aparece con su guitarra milonguera y su voz asonantada de ocurrencias.
Arboles con cenefas blancas como garzas que van a iniciar su vuelo; piedras coloreadas que bien parecen  callados centinelas en, almenas de nostalgia, y luz en el boscaje que entreabre la visión de la ciudad cuatricentenaria como un anhelo de esperanza, son el marco jovial de este campo abierto de la cordialidad que todos queremos y el cual tiene la sonoridad de un nombre: "San Cristóbal Tennis Club". Rosales R. (1961:305-312) Estampas de la Villa

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