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sábado, 12 de febrero de 2011

Hora De Libertad


Así llegamos a la hora vibrante de la libertad. Tañidas por manos que antaño fracasaron en la repulsa del yugo, replican las campanas anunciando la presencia del “bravo Pueblo” en demanda de guerra, frente a España. El sentimiento patrio acumulado en transcurso de los tiempos, aflora en las gargantas y mueve los puños en el gesto valiente de la espada. La tierra se llena de lanzas y una corona de fuego circunda las llanadas, más allá de las montañas.
No pretendemos hacer la historia heroica de nuestra capital en este episodio, salvo la figura del Libertador, el héroe- vínculo de la patria toda, no tenemos héroes ideales arboles gigantes en el mundo de las espadas libertadoras. Aquí nuestro héroe fue el pueblo, la innumerable masa campesina, el soldadito escotero  que carga sobre sus hombros al héroe solitario, la masa sacrificada que no tiene, en la hora triunfa, sitio en las páginas de la historia, ni retratos en los salones de héroes,. El 1º de marzo de 1813 el libertador ocupa la Villa de San Antonio del Táchira y expide allí una proclama que nos enviste a los tachirenses todos con la señal de punteros en el proceso de liberación  “ Vosotros dice Bolívar tenéis la dicha de la dicha de ser los primeros en levantar la cerviz , sacudiendo el yugo que os abruma con mayor crueldad, porque defendiste en vuestros hogares vuestro sagrado derecho. En este día ha resucitado la República de Venezuela, tomando el primer aliento  en la patriótica y valerosa villa de san Antonio, primera en respirar la libertad como lo es en el orden local de nuestro sagrado territorio”
El 6 de febrero de 1820 llega, nuevamente, el libertador a San Cristóbal. Esta vez incorpora a sus tropas gran número de soldados, hijos de la tierra nuestra, héroes plurales y , por lo mismo, anónimos, San Cristóbal, de Táriba, de Lobatera, que abandonan la rústica mancera del arado para empuñar la herramienta de combate. Van en seguimiento del paladín que marcha, a unirse en la grita, con el ejército del general Rafael Urdaneta. El 19 de abril de este mismo 1820.
El Libertador llega por última vez a San Cristóbal, el 27 de septiembre de 1820. Hace entonces su  más larga estación en la Villa del Valle de Santiago. Pero aquella devoción que mostró el por Simón Bolívar doña María del Carmen Ramírez de Briceño, quien lo hospedó en su casa de San Cristóbal, se hace común a todo el pueblo de la ciudad. Doña María descendiente de ilustres filias, es un símbolo propicio para significar el afecto con que nuestra tierra acoge al libertador y prohíja sus anhelos.
Ella puso sus bienes al servicio de la república, mantuvo correspondencia con altas figuras de nuestra independencia, tomó para sí los sucesos acaecidos en caracas el 19 de abril de 1810 y fue quien difundió la noticia de la rebelión en todo el Táchira, nueva que había recibido a través de Barinas  gracias al ardid de su hermana doña Josefa Antonia de Ramírez. Esta le envía una carta dentro de una panela  y doña María  del Carmen  la lleva hasta el pueblo cuyos hijos más tarde, tras las banderas de  Bolívar, habrán de esparcir huesos y sangre en las grandes batallas de América meridional. .  (Amado A, Cap. I. Así era la vida en San Cristóbal)

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