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jueves, 17 de febrero de 2011

Plaza Urdaneta

Fue hecha especialmente para Ias corridas de toros y se bautizó con el nombre de Plaza 19 de Diciembre, ustedes saben por qué. Por muchos años desfilaron por allí toreros malos y buenos, lo mismo que cuanto circo arribaba por allá, se ubicaba en la Plaza 19. A la muerte del general Gómez, como era natural, había que cambiarle el nombre y la prensa se encargó de alentar el espíritu público para realizar un plebiscito encaminado a darle el nombre que designara la mayoría del pueblo. Cada periódico tenía su candidato y el día de la votación salió triunfador el nombre del paladín zuliano para bautizar la plaza y desde entonces se llama Plaza Urdaneta. Con la construcción del Edificio Nacional el Gobierno de la República dispuso su embellecimiento y ahora luce limpia y elegante.
EI Edifico Nacional separa a esta plaza de la de Miranda, ya mencionada. En la esquina noreste de la Plaza Urdaneta existen tres casas de tres distinguidos caballeros que han dado lustre y renombre al gentilicio tachirense. Nos referimos a la casa que era del doctor Lucio Oquendo, de grata memoria para San Cristóbal, pues fue medico famoso y generoso y un probado benefactor del pueblo; la del  doctor Antonio R. Costa, maestro de varias generaciones, abogado ilustre y gramático eminente, quien fue varias veces senador, director del Liceo Simón Bolívar y, por muchos años, Presidente de la Corte Suprema del Estado. Últimamente fue jubilado por el Ejecutivo estatal, como acto de justicia y de reconocimiento para tan eximio maestro, de quien muchos tachirenses tenemos hondos y gratos recuerdos por su calidad humana, su sabiduría y sus virtudes. También está allí la modesta casa de don Aurelio Ferrero, cuyos hijos solamente bastarían para justificar el respeto y el aprecio que todos profesamos a este hombre virtuoso y honesto, si a esto no se uniera también la hidalguía de sus sentimientos y la pulcritud de su vida. Don Aurelio y doña Cecilia Tamayo formaron una familia perfecta, digna y numerosa: los hombres, todos son profesionales en distintas ramas, abogados, ingenieros, médicos, sacerdotes, militares, etc. y las mujeres, que heredaron la belleza y las virtudes de doña Cecilia, son joyas inapreciables para quienes tuvieron la fortuna de hacerlas sus esposas.
Hacia el este, está la Gallera, construida por don Eustoquio para su diversión, y en la otra esquina está  la bodega llamada El 15 Rojo. A una cuadra, hacia el norte, existe el célebre Filisco, por donde entró el Libertador a San Cristóbal, en 1819.

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