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jueves, 17 de febrero de 2011

Plaza De San Carlos

En la parte alta, en donde empieza el mejor clima de San Cristóbal y se inicia el ensanche de la urbe, está enclavada la Plaza de San Carlos. Las matas de mango que Ie sirven de marco, han sido deleite anual para todos los muchachos de la vecindad y su área les ha servido siempre de campo de deportes. Esta placita de San Carlos ha sido muy de malas. No ha sido posible que se acuerden de ella jamás y mientras otras han disfrutado de jardines y flores, ella permanece abandonada, llena de monte, sembrada de hoyos y colmada de basuras. Desde hace algunos años se la utiliza para mercado libre y en ocasiones ha servido pata ferias y pequeñas exposiciones agrícolas de escasa importancia. En su frente construyeron los padres redentoristas un hermoso santuario dedicado a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, y ni esto ha valido para que se la hermosee algo Marcos Morales, desde el diario “El Centinela", ha luchado, ha pedido, ha rogado por la plaza y nada. . . Una vez levantó una sucripción pública para arreglarla y reunió treinta pesos (Bs. 120). Después puso el dinero a la orden de los contribuyentes porque hasta allí llegó la cosa.
Esta ha sido la triste suerte de la placita, de San Carlos, tan unida a nuestros años de infancia y a nuestra adolescencia por muchos motivos sentimentales. Ojalá ahora se acuerden de la rezagada plazuela, para que la arreglen, Ie limpien su monte y Ie cuiden sus mangos. De otra manera, seguirá sirviendo de potrero de errantes asnos y de basurero para los vecinos inciviles.
En la parte oeste de esta plaza esta la casita en donde vivió y murió don Alejandro Fernández, músico de renombre por la multitud de bellas piezas con que enriqueció el acervo musical del Táchira. En la esquina noreste estaba El Totumo, y tenía ese nombre por un arbusto que había en la mitad de la calle, bajo el cual fueron muchos los sancristobalenses de antaño y de ogaño que pasaron gratas horas de cordial camaradería. Por la otra esquina esta la casa de don Victor Medina, el viejo y honrado pesero que levantó una estimable familia que es orgullo de nuestra clase media. A esta amable casa íbamos de niños a recoger flores para la ofrenda que nuestra querida madre lleva habitualmente a la Virgen del Rosario, lo mismo que a la casa de Francisco EI MueIón, que estaba en el sitio que ocupa el Santuario de la Virgen del Socorro; allí había rosas, claveles, hortensias, jazmines, malabares y otras lindas flores para adornar el altar de la Virgen María durante todo el año. Amado A, pag.32 Así era la vida en San Cristóbal.

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