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martes, 15 de febrero de 2011

LAS FERIAS Y FIESTAS

… No sabemos, exactamente cuando tuvieron efecto las primeras corridas o juegos de toros- como también se llamaron durante la colonia- en el Táchira y más propiamente en su capital. Lo cierto es que en la Plaza Mayor, hoy Plaza Miranda, en atención a lo dispuesto  en las ordenanzas reales que consideraban como  “a propósito  para las fiestas de  a caballo y toros” el referido lugar, debió realizarse la primera corrida o juego de toros, costumbre venida de Mérida donde – según don Tulio Febres cordero- hubo tres días de corridas en el año  de 1747. Hasta la fecha la única referencia sobre nuestros festejos populares es  la hallada por el historiador marco Figueroa y por medio de la cual sabemos que el señor Pedro María Gutiérrez, el 8 de enero de 1835 se obligaba a proporcionar tres días de toros en la fiesta de San Cristóbal y a vender carne gorda en un real  la libra y media y a dar tres docenas de “voladores” diariamente.
Cada Parroquia eclesiástica exalta a su patrono o Patrona con el más sincero fervor católico. La parroquia principal de la capital tachirense tiene  a San Sebastián, el romano gentil que cambio la honra de su linaje por la gloria del martirologio.
… Pasada la  fiesta religiosa comienzan las fiestas de calle- como el pueblo también la llama- CON la primera tarde de toros. Las primeras corridas – como antes dijimos- fueron en la Plaza Mayor. Luego en la plaza Páez, llamada antes El Pantano  y ahora Parque Bolívar, y más tarde en la plaza la Ermita, hoy plaza Páez; después, como hasta 1940, se utilizó como Plaza para los toros de enero la actual Plaza Urdaneta, conocida por muchos años como la plaza 19 de diciembre, por voluntad de don Eustoquio, en homenaje a la fecha rehabilitadora  implantada en el país por su primo  don Juan Vicente. Luego se usó, hasta 1957, la Plaza La Concordia, abajo, o sea, la Plaza Venezuela, donde un nuevo barrio expande la nombradía de la cuidad capital.
… Las fiestas culminan el último día del programa, el 26 de enero, con la espectacular quema. Los polvoreros locales se esmeran en presentar el arte de la pirotecnia en la más atrayente de las demostraciones artificiales. Cascadas, lluvias de estrellas, arbolitos miliunanochescos, meteoros que van y vienen, reventar de luces en inimaginables sinfonía de colores anima y emociona el gentío atestado en los palcos, los palquetes, la cerca y el redondel de la plaza. Así rematan las fiestas de la Villa. La feria es cosa diferente: el criador saca lo mejor de sus deshesas así como el colombiano trae ejemplares de su ganadería  y sus famosas sillas chocontanas, sus galápagos y sus arneses. Es un comercio intercambiable de la más halagüeña recomendación, pues en estas ferias se venden o se compran los caballos y las mulas, los machos y los burros, los vientres y los toros de leche y ceba. Igualmente se hacen magníficas exposiciones agrícolas e industriales, de estímulo y orientación para el campesinado. Rosales Rafael, (187,189:1961) Estampas de la Villa.

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